Ernesto aprende la lección

October 29, 2008

Estoy muy contento porque mi amigo Ernesto tuvo un hijo, el tercero. Un varón. El otro día me lo contó por chat. No solemos escribirnos muy seguido pero yo sé que él está ahí como el amigo que siempre fue.

El otro día pude notar su alegría cuando me escribía acerca de su nuevo hijo, Torcuato. Juntos coincidimos en que es un lindo nombre, poco común, con personalidad y carácter. Al menos eso me parece a mí, y a sus padres por supuesto.  En Argentina es un nombre caído en desuso pero con cierto peso en la historia, ya que fue nombre de importantes personajes, como por ejemplo de Marcelo Torcuato de Alvear, presidente en la década de 1920. Admiro a mi amigo por querer recuperar algo del brillo de antaño que tenía nuestro país a través de su hijo. Para cambiar, se empiezan por las ideas y la inspiración. Torcuato seguramente lo será.

Ernesto tuvo dos hijas antes de este último. Muy lindas, divinas. A raíz de esto recuerdo que mi amigo antes de tener a ninguno quería llamar a su primer hijo Napoleón, si era varón. Nadie podía negar que este también fuera un nombre de carácter y con peso en la historia. Algunos a regañadientes pensaban en el difícil futuro del niño, quién debería cargar con tanto inconciente colectivo universal. Se auguraba que tratar con semejante idea paternal no iba a ser fácil para nadie. La primera lección de un padre a un hijo iba a ser categórica.

Pero Napoleón no fue, ni primero ni segundo. Ni tercero, el varón. El tiempo, los años, la paternidad, parecieron sacarle a Ernesto la euforia y el arrebato de poder e indecisión, que imagino que genera hacerse cargo de un hijo. Esa ansiedad de pensar que uno tiene que tomar todas las decisiones en forma correcta y el deseo de querer nombrar como único algo que ya lo es, aún sin nombre.

El destino le dió el tiempo necesario para que lo piense. Le dió dos hijas antes, lo hizo aprender, le mostró. El tercero finalmente fue Torcuato. Pensamos que tenemos el control, pero nuestros deseos se cumplen cuando se dan las circunstancias para que así sea.

Ahora, como no hablo mucho con mi amigo, me quedan dudas sobre si él tiene pensado que el cuarto sea Napoleón, y en ese caso es probable que yo pierda un amigo por decir esto que digo. O también puede ser que Ernesto no haya aprendido nada.

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3 Responses to “Ernesto aprende la lección”

  1. JuanGB said

    Nico, muy bueno. No te tenia con estas “habilidades plumisticas”.
    abrazo
    J

  2. ariel said

    fatigas esta al borde del salto, sus noteros por hacer el giro, total y definitivo, hacia contenidos y comentarios más libres y autónomos. Se ve, se siente, fatigas no esta ausente en la pulseada libertaria o literaria.
    Sus lectores, esperamos con ansias, la liberación de esa melancolía bienpensante y politicamente correcta y, que se abrace un poco más la fiesta.

  3. fatigasdelquerer said

    Gracias Ariel, siempre muy acertados y oportunos tus comentarios. La gente pide que la fiesta arranque pero Fatigas necesita calentar motores. No quiere fundir antes de empezar.

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