Navidad al acecho

November 17, 2008

Se acerca esa fecha tan ansiada por todos. Regocijo, familia, recuerdos, comida, bebidas, celebración. Algo para recordar. Navidad, la eterna fiesta.

Ansiosa, la gente empezará a agolparse en las tiendas para comprar los famosos “regalos de navidad”. La idea es regalar, no importa qué. Medias, calzoncillos, los clásicos. Prendas que pasan de mano, año tras año. Gente que recibe, en el mismo envoltorio, el mismo regalo que le hizo el año pasado a la misma persona. Desfachatez, el todo vale. Es Navidad.

Recetas de comida que se repiten. Señoras que desempolvan sus habilidades culinarias para preparar, como hace ya 25 años, el mismo plato que llevarán a la misma mesa navideña. Al teléfono, en conversación con la anfitriona de turno dirán: “Yo llevo el Vitel Toné” (típico plato frío argentino que sólo ví aparecer en las fiestas de fin de año y que nunca supe bien de qué se trata)… a lo que la anfitriona responderá, aplacada y con fatiga: “Si, a vos que te sale tan rico…”. Claro, la señora del Vitel Toné no entiende de tonos en el habla, así que nunca sabrá reconocer que en realidad le dijeron: ¿porqué carajo no traés otra cosa, o mejor, nada?

En fin, recetas repetidas, saludos repetidos, regalos repetidos, la misma costumbre de siempre que nos hace humanos. Tíos, primos, abuelos que tomarán hasta el hartazgo y empezarán a hablar a los gritos. Los niños, desaforados y librados a su libre albedrío, empezarán rompiendo algún tipo de decorativo y seguirán así hasta que se vean derrotados por el cansancio y el hastío del constante desobedecer.

Pero será una noche inolvidable que habrá empezado hoy mismo. Una carrera hacia el “quedar bien con los demás” que no terminará hasta que los regalos se hayan entregado y la comida saboreada. Para ese entonces el perro estará masticando al “niñito Jesús” que habrá encontrado indefenso y sin habla en el pesebre. Los reyes magos mirarán con inocencia semejante atrocidad, mientras los dueños de casa despilfarrarán alegría y toxicidad alcohólica.

dsc00051Pero lo peor es planificar la Navidad. Terrible. La carga del “qué regalos comprar, a quién, adonde vamos, que comemos y qué me pongo”. La verdadera señal de que uno ha alcanzado la madurez es si logra sortear todos estos obstáculos con actitud estoica, y si puede llevar a cabo semejante empresa sin sucumbir a mitad de camino y -disculpas por mi léxico pero lo encuentro indicado- mandar todo a la mismísima mierda.

A mí me gusta la Navidad, me gusta el folklore que se genera a su alrededor, me gusta compartirla con mis seres queridos, pero nunca he podido organizarla. No he sido lo suficientemente valiente como para aceptar el desafío. Encuentro todo el proceso muy cargoso. Se siente como si un gran muñeco de nieve blanco, sonriente, gordinflón y con sombrero de copa se acercara lentamente a mis espaldas, para caerme encima sin previo aviso.

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3 Responses to “Navidad al acecho”

  1. Lucio said

    Es verdad que la navidad puede ser generadora de más anécdotas que la mismísima colimba de nuestros padres.

    Puedo contarte de aquel 24 de diciembre en el que un primo mío, en ese momento de unos 4 años, vomitó y desató el vómito en cadena de tías abuelas y otra prima.

    O del otro 24, dos años más tarde, cuando un tío mío, mitómano y alcohólico, quiso compartir su bebida con nuestros peces tropicales, volcando el contenido del vaso en medio de la pecera. Al día siguiente amanecieron todos flotando, menos mi tío, desgraciadamente.

    En fin, como decís, la navidad es una fecha necesariamente movilizadora y se vive mucho antes de que llegue. Yo también me siento a la sombra del muñeco de nieve, aunque acá estemos por encima de los 30 grados.

  2. fatigasdelquerer said

    Gracias Lucio. Nos acompañamos en el sentimiento. Me olvidé de incluir el calor de Buenos Aires como otro de los factores a soportar. Y que lindo que empieces a tener buenos deseos para los tuyos en esta época, especialmente para tu tío.

  3. […] Diciembre 30, 2008 En esta vida hay que tener mucho cuidado con lo que uno no quiere porque definitivamente lo terminará teniendo en grandes cantidades. Ese es el caso conmigo y las rutinas navideñas, de las cuales ya di mi opinón. […]

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