Tan simple, tan complejo

November 18, 2008

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La exhibición más importante en estos días en la galería Tate Modern de Londres es una sobre Mark Rothko. Un pintor nacido en Latvia a principios del siglo XX, en aquel momento parte del Imperio Ruso. Rothko emigra tempranamente a Estados Unidos, donde desarrolla su obra.

Tuve la suerte de poder ir hace unos días, en un día típicamente londinense, nublado, lluvioso y frío. El momento perfecto para retirarse un poco de la vida para mirar dibujitos de colores. Estuve meses esperando para poder ir. Rothko es uno de mis pintores preferidos, aunque no sé bien porqué. Lo descubrí hace relativamente poco. Me cautivó la simpleza aparente de su obra, que esconde una capacidad reflexiva de gran poder.

Hace unos años compré un libro sobre él, de la editorial Taschen, de esos que generalmente nadie lee y que está destinado sólo a ser visto. Lo leí todo. Creo que para entender la obra de un artista hay que conocer su vida, son cosas inseparables.

En su mayoría, son cuadros de gran tamaño y de especial sutileza. Rothko habla con los colores, sus interposiciones y contrastes, con los tamaños, y con pequeñas variaciones en las pinceladas que generan campos orgánicos, vivos.

rothko1Rothko prestaba especial atención a los tamaños de sus pinturas y a los lugares destinados a ser colgados. Buscaba generar ambientes de contemplación, pienso yo. La sala central de la exhibición parece una capilla religiosa. Sus cuadros invitan a la reflexión y llaman a silencio. Es después de un tiempo que uno empieza a interactuar con sus obras y se ve inmerso en un diálogo hipnótico de alto nivel sensorial.

El genio de Rothko se esconde en su capacidad para cautivar al espectador con, a primera vista, muy poco. Cuadros en general bicromáticos, de formas básicas y casi inexistentes, con transparencias. Pero mirando, uno descubre que atrás de eso ha habido una gran reflexión, un mensaje largamente pensado, encubierto en la simpleza, un concepto que se quiere transmitir más complejo de lo que se ve.

Para ver y entender a este artista hay que ser paciente. Hay que esperar que sus pinturas surjan ante uno. Todo lo que consideramos ser parte de una obra de arte no está. Solo hay formas precarias, casi inexistentes. Un código encriptado para los ansiosos, los que esperan ser movilizados. Es todo lo contrario, con Rothko el trabajo es casi todo del espectador. Cansado, me fui queriendo volver.

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2 Responses to “Tan simple, tan complejo”

  1. Lucio said

    Muy interesante lo que decís.

    Creo absolutamente que el arte no tiene que ver con el público. Creo que es algo muy personal y que la obra es simplemente el documento de aquel momento artístico.

    En el caso de la pintura y la escultura, una obra sin su autor es decoración, por extremo que se lea.

    Da para charlar largo rato, e.

  2. […] y pálida, de olor rancio. Y vuelvo a enfocar. Y veo la pintura de Rothko, Mark Rothko, aquel sobre el que escribí alguna vez. Uno de mis preferidos. Es una aparición, una idea. Siento que Rothko sucede en las calles de […]

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