Serie ‘Fatigas breves’ – HOY: “Bidonde, Coca: una vida efervescente”

December 31, 2008

Serie “Fatigas breves”, pequeños textos llenos de sabiduría y estupidez. Todo en uno. Lecturas rápidas para el lector de hoy.

Historias de patas cortas y humanas reflexiones de autoría propia o de escritores invitados en busca de poca fama que ensalzan las Fatigas del querer para una mejor digestión.

“Bidonde, Coca: una vida efervescente”

cocaCoca, intrépida, diminuta, de ojos y espíritu inquietos, olvidada por la belleza pero habitada por la gracia de la simplicidad; la de esos individuos que aman la vida incondicionalmente porque poseen el preciado don de la ignorancia, lo que los hace lo suficientemente sabios como para no cuestionar los hechos del universo.

Coca, sí, como la gaseosa. Ganó su apodo por su inocente dulzura y porque sus aseveraciones llenas de verdad resultaban empalagosas. Como un niño que no mide sus palabras, Coca daba discursos de sabiduría ancestral que nadie escuchaba del todo.

Coca, en realidad Margarita, como la bautizó su padre en honor a su madre, quien falleció por el esfuerzo de dar a luz a semejante cúmulo de energía. Exhausta, Margarita Márquez exhaló su último aliento en el instante mismo en que la aún sin nombre ensayó su primer grito de llanto en esta vida, lo primero que hizo y lo único que supo hacer.

El excelentísimo Dr. Marcos Bidonde, dueño de vastas tierras y de títulos nobiliarios otorgados más por el imaginario popular sobre su persona que por su débil vínculo con algún tipo de nobleza, era, en menor medida, el padre de Coca. Margarita Márquez, moradora de esas tierras y encargada de limpiarlas, fue como dijimos, en ninguna medida, la madre de Coca. Padre y madre, amo y esclava, las antítesis unidas para conformar un ser.

Coca ejerció como criada en Buenos Aires y “lo” hizo en esa ciudad en el mismo sentido en que Frank Sinatra cantaba sobre New York “si lo haces aquí lo puedes hacer en cualquier lado”. Y mejor aún para el limitado ego de Coca, porque en el inestable estado de cosas, hacerlo en Buenos Aires tenía mucho más mérito.

Coca, inquieta dama, hizo eso y mucho más: supo asear las casas de los más distinguidos señores de la ciudad, quienes la recomendaban a sus pares por su enorme entrega a la hora de servir y por sobre todo, por su eterna dulzura y efervescencia.

Coca, muda confidente, estiraba las sábanas para restablecer la pureza de las matrimoniales camas donde sus patrones, en forma intermitente, si la esperada ausencia de sus esposas lo permitía, practicaban con sus amantes los actos más pecaminosos, impensables para sus inmaculadas señoras.

Coca hizo esos y muchos otros quehaceres que tienen que ver con la vida familiar, inconmensurables al lado de lo que llamamos a secas limpiar, como ser el primer destino amoroso de un incontable número de adolescentes hijos de aquellos Señores, quienes acostumbrados a tenerlo todo, también aprendieron a tener a Coca cuando se les daba la gana. Ella se entregaba muy a pesar suyo, al principio resistiendo con furia, hasta que luego con resignación, en defensa de su honor ya que no de su cuerpo, maduró en su mente la inocente certeza de hacerlo para contribuir a la educación general de los futuros Señores, posibles patrones de los hijos que ella nunca pensaba tener.

Coca, la intachable virgen que no era, moría cansada a tiempo para dar a luz a un hijo inesperado de sangre azul, sacrificándose para que esta dulce historia se repitiera una y otra vez.

Augusto Besos Ventosa

El autor es un escritor errante sin blog ni credenciales.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: