Serie ‘Fatigas breves’ – HOY: “Las rusas tenían novio”.

January 20, 2009

Serie “Fatigas breves” (a veces no tanto), pequeños textos llenos de sabiduría y estupidez. Todo en uno. Lecturas rápidas para el lector de hoy.

Historias de patas cortas y humanas reflexiones de autoría propia o de escritores invitados en busca de poca fama que ensalzan las Fatigas del querer para una mejor digestión.

“Las rusas tenían novio”

hunting1Un domingo europeo salimos de caza con mi amigo Albertito y su asistente Cao por el countryside.

Después de la primera jornada decidimos tomarnos un descanso en el cottage. Mientras Cao despellejaba las presas, Max, el mayordomo de movimiento lento y perezoso, nos avisó: “Señor, llegaron las rusas”.

Amigas de Albertito, las rusas, eran las presas que yo esperaba por demás. Sin reparos me tenían las liebres que Cao preparaba para la cena.
Mujeres del frío, con hermosura celestial, las rusas salían del auto cuando las ví por primera vez. Una escena en cámara lenta que retumbó en mi mente.

Decidí detener la mirada en cada detalle, observar cada uno de sus contornos y dejarme llevar por esos paisajes, con la convicción de que cuando ambas nos hicieran saber delicadamente sus principios e intransigencias, yo estaría tan compenetrado que no escucharía nada, incluso los discursos de Albertito sobre las bondades de residir en el exterior.

Mucho esperé para que las coincidencias generen este evento. Que las rusas vengan de Rusia, que Albertito aquiete su dificultoso presente como hombre de negocios y pueda quedarse el suficiente tiempo en Inglaterra y que yo, pequeño señor del tercer mundo, me encuentre en Europa libre como un pájaro adiestrado a la espera del llamado del silbato. Albertito me había hablado mucho de ellas, hasta el hartazgo. Por eso decidí venir y subirme a este circo de la opulencia, armado para atraer a esas féminas de fuego blanco.
Al saludarlas, al estrecharles la mano enfriada por el feroz invierno, bajé la mirada y ví mis botas llenas de barro y de hojas. Me pregunté si esa era la imagen que yo quería tener para finalmente recibir a estas hijas de la estepa rusa.

Machetié ese estorbo de ideas, sequé las palmas de mi mano contra el chaleco de caza y le agradecí a Max el hacerse cargo de los bultos, mostrándome excesivamente amistoso. Polovna, festejó mi gesto con sus ojos y me dedicó una pequeña sonrisa desde una comisura que se repitió en mi cabeza durante varios minutos. Sin embargo, el bozarrón y los gestos circulares de Albertito deshicieron el momento y comenzamos a andar por el camino de piedra.

Inquieto, desbordado por una alegría que siempre fue ajena a mí, me descubrí queriendo entablar una conversación en un rudimentario inglés con Stevna, la más alta de las dos. Ella, pétrida, me miraba desde las alturas con suficiencia y se comportaba con un desinterés lleno de buenos modales. Su tono de voz era dulce, pero sus palabras, con su duro acento ruso, cortaban el aire gélido como una sierra. Lo mismo hacían con mi blando espíritu sudamericano, más acosumbrado a la nostalgia de las noches de verano que a la belleza con voz de hombre. “I’m a policewoman”… “a police”, me repitió. Si, entendí, un policía. La mujer policía, de rusia para mi mundo.

Debo reconocer que no me decepcioné de inmediato, puesto que pensé en los beneficios que podrían traer un juego de esposas. Pero su voz era demasiado áspera y cuando escuché la palabra que interpreté como un “…alto…” después de haber rosado amistosamente su espalda, un frío sudor, propio de interrogatorio sórdido de la KGB me corrió por el cuerpo. Giré mi cabeza y como Polovna reía intenté hacer pasar todo por broma, aunque estoy seguro que mi rostro evidenciaba una verguenza rojo soviético. Con la llegada de Max con una bandeja de copas y una botella de Vodka me refugié en unos tres o cuatro tragos.

Vino Cao con las armas para la segunda ronda de lo que sea que estaba en los planes matar. Albertito reía y mostraba sus marmolados dientes a las señoritas mientras de vez en cuando chequeaba que su engominada cabellera estuviera en su lugar.
Ligeramente poco sobrio me acerqué a Stevna para un segundo round de intercambio cultural. Cao me interceptó en plena carrera y me extendió decidido el arma. Lo mismo que a todos. Mi impulso romántico se quebró y quedé detenido en el barro, mirando a Stevna maniobrar el arma con temeraria destreza.

Por suerte, Albertito nos dirigió por el recorrido más corto y en unos treinta minutos estabámos de regreso en el winter garden. Una vez distendidos y nuevamente de copas, Polovna comenzó a mostrarse especialmente interesada en mis actividades. La ambiguedad de mis respuestas se completaban con las interpretaciones de ella o con el contexto que rodeaba el encuentro, presentándome como un aparente dandy.
Súbitamente, se levantó y haciendo un extraño ademán salió de la sala. La seguí y la vi dirigirse al baño. Me pregunté si su gesto había implicado una invitación, pero decidí esperarla afuera. Cuando salió y me miró quedé paralizado. Quise disimular la verguenza y para evitarla entré al baño. Otra batalla perdida.

Encendí un cigarrillo y abrí la ventana que daba al parque. Lo pude ver a Albertito coquetando con Stevna. Pupi -o en realidad Poppy- el perro vago de mi amigo, correteaba alegre entre sus piernas, de un lado a otro, sumándose a la fiesta hormonal. El ángulo de visión solo me dejaba ver a Albertito jugando con la escopeta con una mano y en la otra su eterna amiga, la copa de whisky. Stevna entraba y salía de escena como para empujarlo levemente, reírse y luego retraerse para salir de mi vista. En fin, lo último que ví antes de cerrar los ojos por el estruendo del disparo fue efectivamente el disparo, provocado por la estupidez innata del perro y de su dueño. Un tropiezo nada más, y el dedo adormecido de Albertito aprentando el gatillo.
Stevna no volvió a entrar a escena, y yo, por unos cuantos minutos, tampoco me animé a salir del baño.

Más allá de la lamentable muerte de la mujer policía, debo reconocer que algo de alivio sentí cuando más tarde Max me dijo algo que Albertito había omitido. Las rusas tenían novio.

Para mi fortuna, ese trágico descenlanse evitó que yo siguiera malgastando pólvora en exóticos ejemplares cuando están fuera de la temporada de caza.

Grupo London.

Los autores (2) son un grupo recreativo de emergencia en el exilio para sacar a Fatigas del querer del letargo creativo. No creen haberlo logrado aún, pero eso intentan.

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3 Responses to “Serie ‘Fatigas breves’ – HOY: “Las rusas tenían novio”.”

  1. JuanGB said

    hola nico, como va?
    en el google reader me figura en post sobre la llegada de abel (muy bueno, mandale saludos), lo raro es que al entrar al blog para dejarte un comentario no lo veo entre los post.
    Un barazo y sagui con el bog q esta muy bueno.

  2. Toscanini o "El Escarlata" said

    Encontre este sitio web y lo recomende a mis amigos, Dink-C, el hombre vegetal, saturno 20/21 y al ancho Ruben Peuchele. No creo que lo lean, estan entrenidos con sus tomas y llaves, tratando de encontrarle la vuelta al cortito, piensan que es un truco de camara de canal 11. Sin embargo, estan contentos, dicen:”…mira el pibe…” y siguen en lo suyo. Hace unos anos, cuando deje la malla entreriza, me dedique por un tiempo a la poesia. Al principio no me salia nada, despues tampoco, pero yo era feliz. Ahora me puse con la ceramica, quiero expresar, expresar y expresar. Segui asi, suerte.

  3. marito burzaco said

    Hola. Llegue al blog por sugerencia de un amigo con el que hacemos juntos un master en la Universidad de Bologna (Italia). La historia de las rusaS, me gusto mucho y tambien el articulo “Verguencita”. Estoy de acuerdo con el autor, en que para nosotros -los Argentinos-, es grave que una primer mandataria reciba a un estrella del pop. Pienso que es parte del cholulismo latino y en su momento escribi una carta de lectores al diario “La Nacion”, que se publico como “Serio o no serio, esa es la cuestion” donde destaco que en los sistemas politicos europeos esto no pasa. Porque una cosa es tener un disco de Madona en casa o en el Ipod, pero otra muy distinta es que la reciba la presidenta. Me despido, dejo mis saludos, me hubiera gustado hacer un comentario mas extenso, pero estoy en la vispera de un examen dificil,la traduccion es algo asi: “Las implicancias del flujo migratorio en paises desarrollados, su incidencia en los llamados “mercados emergentes” y que nos pasa mientras tanto”. Un abrazo.

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