Los pibes de Gustavo

April 17, 2009

La vaca nos da la leche y el dulce de leche, y Venezuela, entre otras cosas, nos da a Hugo Chávez y a la orquesta juvenil Simón Bolívar, esta última dirigida por la actual estrella de la música clásica, Gustavo Dudamel.

El destino me da la oportunidad de asistir al debut de la orquesta en el Royal Festival Hall de Londres, y yo aprovecho. Sentado en mi butaca me invade una sensación especial. Me siento cómodo como si estuviera en el living de mi casa, como si de alguna manera tuviera las llaves del lugar.

El escenario está repleto de chicos sobre los que no puedo ni adivinar la edad. La plataforma parece desbordar de niños prodigios que fueron vestidos a regañadientes como gente grande. Sudan rebeldía y despreocupación.

dudamelGustavo Dudamel, el conductor, no llega a los treinta años. Se mueve en el escenario como una estrella de rock. La orquesta se contagia y la audiencia también. La energía es distinta a la que todos están acostumbrados. Esta vez, los asistentes comerán deseperadamente con las manos, sin cubiertos de plata. El concierto para orquesta de Bartók y la Sinfonía #4 de Tchaikovsky suenan con más desenfado del que pautan las notas. El cóctel es explosivo: el brío de los compositores del revolucionario este europeo y la pasión de la interpretación latinoamericana. Para alguien a quién le gusta la música el momento es impagable. De hecho, no lo hice.

Como un fotógrafo sin cámara desesperado por registrar el momento, tomo notas incoherentes para tratar de retener la emoción en palabras, inspirado por la música, por mi buena suerte y por la idea de sentarme a escribir este post, para contarlo a quién quiera leer.

Varias veces, en los pequeños descansos que la orquesta hace entre los movimientos de cada pieza, en los que el manual del entendedor de la música clásica indica hacer un silencio sepulcral, varias personas arrancan en aplausos nerviosos, de orgullo incontenible.
Es ahí cuando siento en el ambiente este inconfundible aroma latinoamericano, hecho de ese inevitable complejo de inferioridad que se disfraza de soberbia desfachatez. Esa necesidad de llamar la atención que se pone en evidencia a destiempo y que todo lo arruina.

Pero el genuino espíritu latinoamericano, confiado de sí mismo, está en el escenario, y es venezolano. La orquesta brilla como un destello efímero, tal como es el sentimiento que los arrebata. Tal como es el denominador común de todo un continente, acostumbrado a ser bufón del mundo serio, de quienes marcan el tempo.

Pero eso siempre fue así y así funciona a la perfección. El inmaculado contexto del Royal Festival Hall, la catedral del imperio musical, de la pulcra perfección, se complementa con la actitud descuidada de esta orquesta que a su increíble calidad interpretativa le suma sangre corriendo por las venas. Mucho de una sola cosa puede agobiar. Para encontrar un balance, necesariamente debe haber dos opuestos con peso propio.

chicosA la orquesta se le paga con una ovación de pie como nunca antes ví. Son ahora todos los asistentes y sus posturas de almidón los que se arrebatan en aplausos.
La orquesta hace dos bises. Tocan mambo. Lo que comenzó como un concierto de música clásica es ahora uno Pop. Todo termina con la gente alzando las manos con la esperanza de hacerse con una de las chaquetas con los colores de la bandera venezolana que los músicos vistieron para tocar los bises y que ahora lanzan desaforadamente al público.

Pero una vez abiertas las puertas del auditorio las aguas se calmarán y afuera la lluvia estará cayendo pareja, constante. Una taza de té será el último refugio de la noche, parecida a la de ayer y a las de siempre. Luego de un inesperado viaje a la exótica e incomprendida Latinoamérica, y más precisamente, a la vibrante Venezuela, los asistentes se irán a dormir sabiendo que mañana amanecerá todo en su lugar. Los tranquiliza saber que los sobresaltos sólo son hechos que pasan en un escenario.

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5 Responses to “Los pibes de Gustavo”

  1. Luz said

    Maravilloso homenaje tus palabras, a otro espectáculo que se da al mismo tiempo en la Cumbre de las Américas, donde Obama hace de director de orquesta y los presidentes Latinoamericanos se esfuerzan por ser parte de ella, cada uno con el trajecito de sus colores.Sería bueno que en ese escenario,al menos por dos días, lograran la cordinación y la emoción que tuvieron esos jóvenes músicos,aunque después se fueran cada uno a su casa con su altaneria y su “mambo”, tal vez sin darse cuenta que también pueden marcar el ritmo sin desentonar. Una butaca en Londres es una buena oportunidad para ver el mundo y la vida…..

  2. R&S said

    Lo prometido es deuda. Esto dijo The Economist en enero sobre Dudamel:

    http://www.economist.com/books/displaystory.cfm?story_id=12926136

  3. Mariana said

    Me emociono muchisimo!!! Me sacaste las lagrimas, che!

  4. Bob Saccomano said

    Mucho Nivel Mucho!!!!

  5. […] hago corta, porque si no los (pocos) lectores se quejan. Por otra obra del destino, me encontraba en un salón atestado de estrellas de la television británica. El 90% […]

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