En vivo y en directo

April 29, 2009

En un lugar de Londres, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que asistía a la ceremonia de los BAFTA, los premios británicos de televisión, equivalente a los Emmy en EEUU, al Martín Fierro en Argentina o a los X en X (aplicar lo que les corresponda).

chocolatLa hago corta, porque si no los (pocos) lectores se quejan. Por otra obra del destino, me encontraba en un salón atestado de estrellas de la television británica. El 90% no sabía quienes eran porque no tengo televisión, que es un dato no menor a este relato. Al otro 5% sólo lo tenía de vista, porque había visto sus caras en algún periódico, y al restante 5% sabía quiénes eran, pero me daba lo mismo conocerlos (con excepción de la bella Mischa Barton).

Codo a codo, pechito con pechito y cachete con cachete, como la marea arrastra a un bote a la deriva, me fui haciendo camino entre ese mar de sonrisas exageradas, peinados raros y caras que rebalsaban en maquillaje. Traté de subir una gran escalera, muy ancha, adonde también había mucha gente. En mi lento camino ascendente, fui reconociendo caras a un lado y a otro. No me sorprendió la presencia de nadie, aunque sé que ellos tampoco lo hicieron con la mía.

El caso es que logré llegar al descanso, y ahí sí. Recuerdo mover la cabeza, como en cámara lenta, y verlo. Gary Lineker, el 10 de la selección inglesa de fútbol, ícono de su equipo en el mítico partido Argentina-Inglaterra de 1986. En ese instante sentí algo en los hombros y en la espalda, una pesadez. Era el mundial “México 86” en su totalidad que se depositaba sobre mi persona. Me temblaron las piernas con tanto recuerdo: todos, los hinchas, los gritos, el estadio Azteca, Platini, Rumenigue, Hugo Sánchez, Butragueño, los demás, y claro, Diego Maradona con sus goles.

Verlo a Lineker me transportó 23 años atrás, para volver a sentir la alegría de aquel mundial. Me conmoví con la mezcla de sabores: niñez, fútbol e ídolos. Era algo pasado que se hacía presente, lo que en actuación llaman “memoria emotiva”. Solo que entre tanto actor, tanta ficción, esa alegría era bien real, como el hecho que la provocó.
Lo dejé atrás a Gary y seguí mi camino en ensoñación, como después de haber visto una buena película. Para festejar, abrí el chocolate de cortesía que me habían entregado.

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3 Responses to “En vivo y en directo”

  1. El Blogudo said

    Muy buen relato, Nico. Lograste transportarme a esa entrega y también a México ´86: un tiempo que fue hermoso por muchos motivos, más allá de que no había fiebre porcina.
    Gracias por la magia, barrilete cósmico.

  2. Todo mal said

    De todo tu relato, lo unico rescatable es el chocolate del final.

  3. Pablo said

    Lo interesante es que sin quererlo (principalmente porque no tenes tele) relatas un fenomeno peculiar de cada circulo social. El de los pseudofamosos, los que se sienten importantes porque piensan que a todos los demas nos importan. Me acuerdo de un paseo que hicimos (vos estabas con nosotros) al Queen Mary (a retired ocean liner that sailed the North Atlantic Ocean from 1936 to 1967 for the Cunard Line) en California. En el ascensor nos encontramos cara a cara con Ernest Borgnine y a la estrella de la serie Airwolf (Jan-Michael Vincent). Le pedimos autografos a Borgnine pero no le dimos bola al joven porque en Buenos Aires no pasaban la serie todavia y no sabiamos quien era. Siempre nos preocupo haber deprimido a Vincent por haberlo ignorado. Una anecdota para ilustrar el fenomeno.

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