Serie Fatigas breves – HOY: “Indigestión”

June 4, 2009

Serie “Fatigas breves”, pequeños textos llenos de sabiduría y estupidez. Todo en uno. Lecturas rápidas para el lector de hoy.

Historias de patas cortas y humanas reflexiones de autoría propia o de escritores invitados en busca de poca fama que ensalzan las Fatigas del querer para una mejor digestión.

“Indigestión”

SunriseUn cálido sol poniente iluminaba la cocina y teñía el ambiente de color naranja pálido, pero las lágrimas le hacían entrecerrar los ojos y no la dejaban contemplar el cuadro en su totalidad. Picaba la cebolla de manera profesional, casi sin pensarlo, como le había enseñado su abuela, aunque curiosamente nunca pudo encontrar una solución para contener las lágrimas.

Luego prendió una hornalla y se agachó para buscar un sartén en la alacena bajo la mesada. Virtió un poco de aceite y la puso al fuego.

Repentinamente, su mente quedó en blanco y su mirada en fuga sobre un punto indeterminado. Era un acto reflejo en señal de relajación después de un largo día de trabajo. Sudaba delicadamente. La fina blusa pegada al cuerpo. Despertó de su ensoñación con las explosivas gotas de aceite caliente, por lo que se apresuró a rehogar la cebolla picada en el sartén.

A un costado esperaban en la cazuela las perdices ya preparadas, a las que luego añadió la cebolla cocida, ajo, pimienta, clavo de olor, vinagre y caldo. Las dejó hervir a fuego lento.

Pasó el tiempo de espera poniendo la mesa para dos. Lo de siempre: individuales con motivos de formas circulares de color rosa pálido, la vajilla blanca. De fondo, la casa inmaculada, los muebles de moda. Las recompensas de una vida como profesional.

Volvió delante de la hornalla, a investigar el proceso de cocción. En su camino desde la mesa a la cocina pudo ver el vapor saliente de la olla como una aparición, iluminado por el sol, que ahora entraba más espeso, trayendo la temprana oscuridad de la noche.

Escuchó la puerta de entrada que se cerraba. Era su marido, haciendo ruido por demás. Desde lejos, gritó “Hola”. Ella susurró lo mismo.

Al rato, él apareció detrás de ella. Su aforada actividad desentonaba con el ambiente calmo que reinaba en la cocina. Le besó la mejilla y se puso a hablar mientras se dirigía a la mesa. Se sentó y siguió hablando, hasta que ella posó la comida frente a sus narices y él calló, sin disposición para otra cosa que comer.

El silencio marcaba el ritmo de la cena, hasta que él, levantando su mirada, le dijo en tono burlón: “Comemos perdices, pero ¿somos felices?”, para luego practicar una sonrisa pícara, como invitándola a jugar.

Ella mantuvo su vista en el plato, seria, y continuó desgarrando con su tenedor al pobre animal que nadaba muerto en su salsa, la cual, por cierto, le había quedado exquisita.

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One Response to “Serie Fatigas breves – HOY: “Indigestión””

  1. R&S said

    Gracias por volver fatigas, y gracias por tu serie fatigas condensadas.
    Buen remate “el animal que nadaba muerto”..la proxima vez que pida un bife me acordare de eso!

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