Yo mediado

July 29, 2016

nico-retrato-muy-baja

Soy disipado, abarcativo.
Por eso no acontezco.
Soy invisible, insustancial.
Porque no sucedo en un momento.
Soy atemporal, ubicuo.
Perceptible en el proceder.
Soy continuo, indefinible.
Permanezco sin estar.

Me llaman tantas cosas

April 3, 2016


“Me llaman”, por Nach

Luminocidad

April 1, 2016

Lisa, liviana, levitaba la luna. Llovía luz. Luciérnagas ligeras, laboriosas, limpiaban la lobreguez.

Luminocidad

Una montaña de letras

October 28, 2013

Leo La montaña mágica, de Thomas Mann. En la contratapa del libro hay una cita de Carlos Fuentes que dice: “Si Joyce es Irlanda y la lengua inglesa, y Proust Francia y la lengua francesa, Thomas Mann es más que Alemania y la lengua alemana”. Ulises, de James Joyce, y En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, son novelas catalogadas popularmente como densas, extensas y poco efectistas. En ellas se retrata la vida cotidiana, y por eso mismo la narración avanza lenta y perezosa. Fiel a la estética impresionista, este tipo de obras devienen como la textura y el color se conforman pincelada tras pincelada en una tela. La idea de tiempo en estos libros se construye mediante pequeñas capas de eventos insignificantes. La montaña mágica de Thomas MannTanto hasta que, una vez adentrado en el libro, sin darse uno cuenta, se revela la vida misma. Aparece lentamente sin sobresaltos, pero con la potencia de la repetición, del hábito y de la ensoñación. Este tipo de novelas son como un gran mar al que cuesta zambullirse pero que una vez hecho cierto trayecto, uno prefiere seguir nadando para descubrir lo que le espera en la otra orilla, en vez de ahogarse de curiosidad por haber desistido. En este mar quieto, pero profundo y vasto, hay una leve corriente que es imperceptible y que lo arrastra a uno lentamente sin la más mínima evidencia de movimiento.

La montaña mágica es un exponente del verdadero poder de la literatura: el método expresivo por excelencia, la tecnología que nos hace humanos, el espejo que nos refleja y en el cual nos miramos y nos miran los demás. Lo que nos permite ser con el afuera.

La mayoría de los personajes tienen un espíritu contemplativo, lo cual sea hace evidente cuando Thomas Mann pone en sus bocas largos discursos filosóficos. Hacen, en definitiva, un análisis de la materia misma que compone a la obra. Hablan de las palabras, de las letras, de los signos, de las gestos que permiten desarrollar las ideas que se comunican en el libro. Y esto es lo que atrapa al lector: la imposibilidad de saber cual es su rol, si un pasivo visitante o un activo partícipe de la situación que se narra.

Settembrini, un simpático y estridente humanista lo tiene obnubilado a Hans Castorp, el joven protagonista de la novela. Este se debate entre la admiración y el odio para con el italiano. Es que Settembrini es la personificación y la voz de un debate más profundo que inquieta y enferma a Hans Castorp: si vivir de acuerdo a los valores de la tradición o a los de la revolución.

“Settembrini preguntó a sus oyentes si habían oído hablar de Brunetto Latini, secretario municipal de Florencia en 1250, autor de un libro sobre las virtudes y los vicios. El fue el primero en dar una educación a los florentinos, enseñándoles el arte de la palabra, así como el arte de dirigir su república según las reglas de la política. “¡Ahí lo tienen! -había exclamado Settembrini-. ¡Ahí lo tienen, señores míos!” Ya habló del “verbo”, del culto a la palabra, a la elocuencia, que consideraba el “triunfo del humanismo”, puesto que la palabra constituía el mayor honor del hombre, y sólo ese honor confería dignidad a su vida. No sólo el humanismo, sino la humanidad en general, toda la dignidad humana, el respeto hacio lo humano y el respeto al hombre por el hombre mismo, todo eso era inseparable de la palabra, y se hallaba, por tanto, estrechamente ligado a la literatura… (“¿Lo ves?”, diría después Hans Castorp a su primo, “¿Ves cómo en la literatura sí son importantes las bellas palabras? Me di cuenta enseguida.”) Y, de la misma manera, la política estaba ligada a la palabra o, más exactamente, nacía de la unión de la humanidad con la literatura, pues las bellas palabras daban a luz a las bellas acciones.
-Ustedes, en su gran país -dijo Settembrini-, tuvieron hace dos siglos un poeta, un viejo conservador maravilloso que concedía gran importancia a la bella caligrafía, pues creía que conducía a un bello estilo. Debería haber ido un poco más lejos diciendo que un bello estilo conduce a bellas acciones. Escribir bien casi supondría pensar bien, y esto no está muy lejos del obrar bien. Toda moralidad y todo perfeccionamiento moral nacen del espíritu de la literatura, de este espíritu de la dignidad humana que, a su vez, es también espíritu de la política y la humanidad. Sí, todo ello forma una unidad, es una misma fuerza y una misma idea y puede resumirse en un solo nombre.-¿Cuál era ese nombre? El nombre se componía de sílabas bien conocidas, si bien los dos primos no habían llegado a comprender aún el significado y su importancia. La palabra era:¡civilización! Y al dejarla brotar de sus labios, Settembrini alzó la mano derecha, pequeña y amarillenta, como quien hace un brindis.”

Imagen: *saipal

La fealdad de lo bello

August 25, 2013

El odio a la belleza. A la infinita vanidad de los discursos y las palabras, a la vanidad de la cultura, a la vanidad del arte.

La insoportable levedad del ser

Milan Kundera, “La insoportable levedad del ser”, página 117. Tusquest editores, 2013

Reflejos de lo invisible

February 10, 2013

Durante el trayecto en ferry desde Dover (Inglaterra) a Calais (Francia), compruebo que el Canal de la Mancha hospeda el tormentoso movimiento de ánimas que se han transplantado de una orilla a la otra a lo largo de los siglos. De noche, con frío, mirando a la nada oscura, hacia el mar ruidoso y húmedo, mi cámara se impregna de imágenes fantasmagóricas, de reflejos de energías que no se ven.

Londres-Paris-Dover I

DSCN7243

Londres-Paris-Dover III

DSCN7246

Londres-Paris-Dover V

Solía ser yo mismo

July 11, 2012

Nadie duda de la importancia del legado del Borges escritor, pero ¿y del Borges editor? La biblioteca personal de Jorge Luis Borges que él mismo seleccionó y que publicó Hispamérica en 1985 es una muestra de la capacidad del autor para no sólo introducirnos a mundos literarios propios, si no de hacer lo mismo con otros autores que lo han inspirado. Esta selección, es también, a mi juicio, otra gran obra del escritor. El prólogo que Borges escribió para esta colección es por sí mismo un texto digno de leer y releer:

jorge luis borges biblioteca personal“A lo largo del tiempo, nuestra memoria va formando una biblioteca dispar, hecha de libros, o de páginas, cuya lectura fue una dicha para nosotros y que nos gustaría compartir. Los textos de esa íntima biblioteca no son forzosamente famosos. La razón es clara. Los profesores, que son quienes dispensan la fama, se interesan menos en la belleza que en los vaivenes y en las fechas de la literatura y en el prolijo análisis de libros que se han escrito para ese análisis, no para el goce del lector.

La serie que prologo y que ya entreveo quiere dar ese goce. No elegiré los títulos en función de mis hábitos literarios, de una determinada tradición, de una determinada escuela, de tal país o de tal época. Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer, dije alguna vez. No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector. Deseo que esta biblioteca sea tan diversa como la no saciada curiosidad que me ha inducido, y sigue induciéndome, a la exploración de tantos lenguajes y de tantas literaturas. Sé que la novela no es menos artificial que la alegoría o la ópera, pero incluiré novelas porque también ellas entraron en mi vida. Esta serie de libros heterogéneos es, lo repito, una biblioteca de preferencias.

María Kodama y yo hemos errado por el globo de la tierra y del agua. Hemos llegado a Texas y al Japón, a Ginebra, a Tebas, y, ahora, para juntar los textos que fueron esenciales para nosotros, recorreremos las galerías y los palacios de la memoria, como San Agustín escribió.

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. La rosa es sin porqué, dijo Angelus Silesius; siglos después, Whistler declararía El arte sucede.”

En lo personal, esta colección se encuentra en la biblioteca de mis padres, gracias a lo cual conocí al escritor italiano Giovani Papini. Borges incluyó un libro con sus cuentos, que mezclan lo exitencial, lo trágico y lo fantástico. En el prólogo a ese libro, el escritor argentino evidencia haber, sin quererlo, repetido un argumento anteriormente usado por Papini para desarrollar uno de sus propios cuentos. Lo reconoce de esta forma:

“Leí a Papini y lo olvidé. Sin sospecharlo, obré del modo más sagaz; el olvido bien puede ser una forma profunda de la memoria. Sea lo que fuere, quiero referir una experiencia personal. Ahora, al releer aquellas páginas tan remotas, descubro en ellas, agradecido y atónito, fábulas que he creído inventar y que he reelaborado a mi modo en otros puntos del espacio y del tiempo. Más importante aún ha sido descubrir el idéntico ambiente de mis ficciones.”

El cuento propio el que se refiere Borges es “El otro”, compuesto en Cambridge (Massachusetts) en 1969. Y el ambiente ficcional que dice haber recreado sin querer es en base al cuento de Papini llamado “Dos imágenes en el estanque”, al cual el título de esta entrada de blog hace referencia y al que incluyo un enlace para que puedan leerlo y disfrutarlo como yo lo hice. Como también dijo Borges, “Ojalá seas el lector que este libro estaba esperando”.

moma museum of modern art new york lápiz color

Le traje de regalo a mi novia un lápiz del Moma, el Museo de Arte Moderno de New York. Era, más que nada, un recuerdo de mi visita a tan increíble museo. Recorrí la tienda al salir y sólo me pareció comprar el lápiz, como símbolo del arte y más que nada, por el hecho de que tiene una mina de colores múltiples, lo que hace que al dibujar y rotar el lápiz uno escriba o dibuje en varios colores a la vez. Como todo souvenir, me pareció insignificante pero a la vez simpático y simbólico.
Hace días que el lápiz está dando vueltas por los rincones de la cocina. Todavía no ha encontrado su lugar, aunque reconozco que mi novia “guarda” las cosas dejándolas a la vista, como una forma de tener presente a las cosas de valor. Hoy lo tomé, y sin darme cuenta, sumergido en la abstracción de una llamada telefónica, hice un pequeño dibujo a colores. Me sorprendí de la potencia de este intrascendente lápiz. Es casi mágico. Con un trazo, aparecen los más variados colores. Y me puse a pensar en los secretos que esconden las cosas en las que, a priori y de tan cotidianas, no reparamos. Como la tapa de un libro bajo la que está atrapado un relato, o la cubierta de un disco que silencia una música o un rostro que esconde las más variadas historias que componen una vida. Ahora pienso que el lápiz me lo compré a mí mismo. Su delgada fragilidad es en realidad una fuente de gratos recuerdos, cuadros, linda compañía y también de las más infinitas posibilidades creativas. Ahora reconozco que este insignificante lápiz fue, en realidad, lo más significativo que puede comprar en el Moma.

dibujo color moma museum of modern art new york

Prefiero la versión de Catalope Island con trompeta, pero la guitarra de Pat Metheny en esta fusión hace que no se la extrañe ni un poco.

Lo otro

May 4, 2012

En esta vida

de encuentros

nunca continuos

siempre espaciados

en el medio,

el anhelo, la prisa.

Hasta que de el otro

sucede la conciencia,

ese quién no es uno

que transforma

el viento en brisa,

la rosa en agua,

el respiro.

El leño que arde solo.

Luz,

en la eterna noche

de la espera.