Ania

November 11, 2013

Ania-2.11.13

Una montaña de letras

October 28, 2013

Leo La montaña mágica, de Thomas Mann. En la contratapa del libro hay una cita de Carlos Fuentes que dice: “Si Joyce es Irlanda y la lengua inglesa, y Proust Francia y la lengua francesa, Thomas Mann es más que Alemania y la lengua alemana”. Ulises, de James Joyce, y En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, son novelas catalogadas popularmente como densas, extensas y poco efectistas. En ellas se retrata la vida cotidiana, y por eso mismo la narración avanza lenta y perezosa. Fiel a la estética impresionista, este tipo de obras devienen como la textura y el color se conforman pincelada tras pincelada en una tela. La idea de tiempo en estos libros se construye mediante pequeñas capas de eventos insignificantes. La montaña mágica de Thomas MannTanto hasta que, una vez adentrado en el libro, sin darse uno cuenta, se revela la vida misma. Aparece lentamente sin sobresaltos, pero con la potencia de la repetición, del hábito y de la ensoñación. Este tipo de novelas son como un gran mar al que cuesta zambullirse pero que una vez hecho cierto trayecto, uno prefiere seguir nadando para descubrir lo que le espera en la otra orilla, en vez de ahogarse de curiosidad por haber desistido. En este mar quieto, pero profundo y vasto, hay una leve corriente que es imperceptible y que lo arrastra a uno lentamente sin la más mínima evidencia de movimiento.

La montaña mágica es un exponente del verdadero poder de la literatura: el método expresivo por excelencia, la tecnología que nos hace humanos, el espejo que nos refleja y en el cual nos miramos y nos miran los demás. Lo que nos permite ser con el afuera.

La mayoría de los personajes tienen un espíritu contemplativo, lo cual sea hace evidente cuando Thomas Mann pone en sus bocas largos discursos filosóficos. Hacen, en definitiva, un análisis de la materia misma que compone a la obra. Hablan de las palabras, de las letras, de los signos, de las gestos que permiten desarrollar las ideas que se comunican en el libro. Y esto es lo que atrapa al lector: la imposibilidad de saber cual es su rol, si un pasivo visitante o un activo partícipe de la situación que se narra.

Settembrini, un simpático y estridente humanista lo tiene obnubilado a Hans Castorp, el joven protagonista de la novela. Este se debate entre la admiración y el odio para con el italiano. Es que Settembrini es la personificación y la voz de un debate más profundo que inquieta y enferma a Hans Castorp: si vivir de acuerdo a los valores de la tradición o a los de la revolución.

“Settembrini preguntó a sus oyentes si habían oído hablar de Brunetto Latini, secretario municipal de Florencia en 1250, autor de un libro sobre las virtudes y los vicios. El fue el primero en dar una educación a los florentinos, enseñándoles el arte de la palabra, así como el arte de dirigir su república según las reglas de la política. “¡Ahí lo tienen! -había exclamado Settembrini-. ¡Ahí lo tienen, señores míos!” Ya habló del “verbo”, del culto a la palabra, a la elocuencia, que consideraba el “triunfo del humanismo”, puesto que la palabra constituía el mayor honor del hombre, y sólo ese honor confería dignidad a su vida. No sólo el humanismo, sino la humanidad en general, toda la dignidad humana, el respeto hacio lo humano y el respeto al hombre por el hombre mismo, todo eso era inseparable de la palabra, y se hallaba, por tanto, estrechamente ligado a la literatura… (“¿Lo ves?”, diría después Hans Castorp a su primo, “¿Ves cómo en la literatura sí son importantes las bellas palabras? Me di cuenta enseguida.”) Y, de la misma manera, la política estaba ligada a la palabra o, más exactamente, nacía de la unión de la humanidad con la literatura, pues las bellas palabras daban a luz a las bellas acciones.
-Ustedes, en su gran país -dijo Settembrini-, tuvieron hace dos siglos un poeta, un viejo conservador maravilloso que concedía gran importancia a la bella caligrafía, pues creía que conducía a un bello estilo. Debería haber ido un poco más lejos diciendo que un bello estilo conduce a bellas acciones. Escribir bien casi supondría pensar bien, y esto no está muy lejos del obrar bien. Toda moralidad y todo perfeccionamiento moral nacen del espíritu de la literatura, de este espíritu de la dignidad humana que, a su vez, es también espíritu de la política y la humanidad. Sí, todo ello forma una unidad, es una misma fuerza y una misma idea y puede resumirse en un solo nombre.-¿Cuál era ese nombre? El nombre se componía de sílabas bien conocidas, si bien los dos primos no habían llegado a comprender aún el significado y su importancia. La palabra era:¡civilización! Y al dejarla brotar de sus labios, Settembrini alzó la mano derecha, pequeña y amarillenta, como quien hace un brindis.”

Imagen: *saipal

La fealdad de lo bello

August 25, 2013

El odio a la belleza. A la infinita vanidad de los discursos y las palabras, a la vanidad de la cultura, a la vanidad del arte.

La insoportable levedad del ser

Milan Kundera, “La insoportable levedad del ser”, página 117. Tusquest editores, 2013

La insoportable levedad del ser

La tercera vez es la vencida, dicen. Primero. Lo compré, lo leí y lo presté. Nunca más volvió. Segundo. Lo volví a comprar, lo recomendé y lo presté. Nunca más volvió. Tercero. Volvió a mis manos, como un regalo. Y hoy lo leo y nunca más lo presto. De hecho, algunos de mis libros más queridos los he prestado y todavía no han vuelto. Los extraño. ¿A quién se le ocurre prestar una libro? Sólo el dueño puede saber el valor que tiene para él. El que se beneficia con el préstamo es indiferente al valor emocional que tiene para el que lo deja en manos extrañas. Y así es como los libros prestados nunca más vuelven. Porque el que se lo llevó en préstamo lo ve como lo que parece, pedazos de papel.

Celebro y me regocijo. Porque ha vuelto a mis manos como un hijo pródigo mi más querido libro, por tercera vez. Y hoy lo leo y nunca más lo presto. Y esta segunda lectura tiene mucho más sentidos, más profundidad, porque yo tengo más años de vida. Pero el libro es el mismo de siempre, aquel que se fue y siempre extrañé. Esta relectura es más leve, más llevadera. Veo las cosas más claras, pero encuentro otros matices que antes no distinguí. Es La insoportable levedad del ser que se revela ante mis ojos, la mía y la de todos. La nuestra.

¿Porqué lo extrañaba? Porque me permitió crecer. Este libro se refiere a los primeros desajustes producidos por lo que hoy definimos y vemos más claramente como Globalización. Pero no hablo del sentido económico de la palabra, sino de su verdadera raíz: la globalización de la sensibilidad. Globalización entendida como la ruptura de los límites de la identidad y la sensibilidad establecida, practicada cotidianamente por seres que se conocen y reconocen dentro de los límites de una propia lengua y de un propio paisaje. Una identidad que de tan ensayada se vuelve invisible, mística y sagrada.

Cuando los rusos invadieron Checoslovaquia en 1968, traspasaron más que un límite político y geográfico. Atravesaron lazos culturales enquistados en una sociedad que hasta ese momento se recreaba armónicamente en su lecho. Rompieron límites sensibles y forzaron el encuentro. Demandaron tocar al extraño, al enemigo. Provocaron saborearlo, olerlo, escucharlo, verlo. Establecieron otras conexiones. Esa invasión hizo visible lo que antes era invisible. Promovió la duda y machacó certezas. Reveló la insoportable levedad del ser.

Por su obstinada y solapada referencia a la globalización sensible es que digo que este libro me ha permitido crecer. Quién sabe si estableció en mí, mientras leía distraído por primera vez sus encantadoras crónicas, la necesidad de traspasar límites que luego traspacé (límites a simple vista geográficos, pero más precisamente culturales). Este libro me ha permitido mirar con afecto y compasión hacia otras culturas. Me ha hecho encariñar con sus personajes, con sus historias. Y será por eso que, secretamente, me ha hecho sentir curiosidad por el sufrir silencioso de la Europa del Este. Por la constante duda de su identidad. Por su temple de acero y su más sumisa delicadeza. Por ese diálogo sensorial que mantuvieron con el enemigo, tensión que hoy sigue vigente. Por ser todavía sensibles a la insoportable levedad del ser. Cualidad que los hace más vivos que aquellos a los que de tan seguros de quienes son, el ser les pesa.

La globalización sensible a la que digo que hace referencia Kundera él la llama “telepatía sensible”. Es esa pulsión irracional que atraviesa todos los tejidos sociales. Ese afecto globalizante que nos hace humanos. Globalizante porque está presente en todos, pero que a la vez es la más básica de las capacidades sensibles.

Transcribo a continuación un pasaje del libro que me inspiró a decir lo que digo, y que espero lo ilustre de acabada forma. Si no lo hace no importa. Tendrá sentido de alguna u otra forma. Por mi parte, espero que alcance a explicarle a aquellos a quienes reciben libros prestados, lo que significa un libro para su dueño. Sepan que no es tan sólo un trozo de papel, sino que es un transmisor de sensibilidad que puede motivar a alguien a traspasar los límites de su insoportable ser.

“Todos los idiomas derivados del latín forman la palabra «compasión» con el prefijo «com-» y la palabra passio que significaba originalmente «padecimiento». Esta palabra se traduce a otros idiomas, por ejemplo al checo, al polaco, al alemán, al sueco, mediante un sustantivo compuesto de un prefijo del mismo significado, seguido de la palabra «sentimiento»; en checo: soucit; en polaco: wspólczucie; en alemán: Mitgefühl; en sueco: medkánsla.
En los idiomas derivados del latín, la palabra «compasión» significa: no podemos mirar impertérritos el sufrimiento del otro; o: participamos de los sentimientos de aquel que sufre. En otra palabra, en la francesa pitié (en la inglesa pity, en la italiana pieta, etc.), que tiene aproximadamente el mismo significado, se nota incluso cierta indulgencia hacia aquel que sufre. Avoir de la pifié pour une femme significa que nuestra situación es mejor que la de la mujer, que nos inclinamos hacia ella, que nos rebajamos.
Este es el motivo por el cual la palabra «compasión» o «piedad» produce desconfianza; parece que se refiere a un sentimiento malo, secundario, que no tiene mucho en común con el amor. Querer a alguien por compasión significa no quererlo de verdad.
En los idiomas que no forman la palabra «compasión» a partir de la raíz del «padecimiento» (passio), sino del sustantivo «sentimiento», estas palabras se utilizan aproximadamente en el mismo sentido, sin embargo es imposible afirmar que se refieran a un sentimiento secundario, malo. El secreto poder de su etimología ilumina la palabra con otra luz y le da un significado más amplio: tener compasión significa saber vivir con otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor. Esta compasión (en el sentido de jvspó/czucie, Mitgefübl, madkansld) significa también la máxima capacidad de imaginación sensible, el arte de la telepatía sensible; es en la jerarquía de los sentimientos el sentimiento más elevado.”

Historias y fotos ajenas entre sí que sin embargo tienen mucho en común. Enterate de que va todo esto acá. También podés leer las entregas anteriores.

Bicicletas en Londres

Quizás soy yo que me quedé en el tiempo, pero es un tema de educación. En nuestra época, acordate, la calculadora era mala palabra. … Claro, el resultado no era lo más importante, tenés razón. Y mirá cómo es ahora. Dos por ocho, ya le digo, tiqui tiqui. … Sí, el lápiz negro se volvió cosa de dibujantes, no sé. … Puede ser, pero tienen doce años estos chicos, parece mentira Edith, y andan todos con su celular pintón, con luces de colores y la cámara fácil. Todo muestran, todo suben, todo comparten. … Yo no entiendo para qué. Lindos eran los tiempos en los que … Sí, verdad, no me olvido, sin Facebook no nos hubiéramos reencontrado todos. Y ahí está. No es el medio, es el uso que le das. ¿Qué pasó con los momentos especiales? Ahora todos los días un cumpleaños, todos los días un nacimiento. … Y si. … Sí, lo vi, hermoso nene, a pesar de que se lo ve medio violeta. … Ya me da terror imaginármelo de doce. No hay manera de que zafe, no puede zafar. … ¿Qué? Ah, sí, me fui de tema. Bueno, lo reté, lo tuve que retar, y le saqué el celular. Pensé que estaba googleando respuestas. … Bloquearon Wikipedia, pero ¿vos creés que no conocen otro lugar así? Pero no. … Fotos. Estaba mirando fotos que indudablemente había sacado él. … Si, suponés bien. Con una chica, no se le veía la cara. … Pensar que yo empecé a salir con Norberto a los diecisiete y me creía una loca sin límites. … Sí. Alguna locura hicimos, no me hagas hablar. … No sé, no le revisé las fotos. Mirá si me culpan de algo raro después. Por cualquier cosa te hacen juicio y no me puedo dar el lujo de quedarme sin trabajo. No ahora. … Además, a pesar de todo, no pierdo el amor por los chicos. Es importante que tengan a alguien que les traiga un poco de coherencia. … Sí, me quieren, me adoran, quedate tranquila. Entienden el reto como un límite necesario. … Incluso, si lo pensás bien, lo de las fotos es un desafío. Un pedido a gritos de alguien con criterio que venga y le diga lo que tiene que hacer. … Sí, bueno. … Hablando de eso, me avisan que tenemos que seguir. … Dale, dale. … Sí, el próximo martes está bien. … Gracias, Edi. … Bueno, ahora sí te dejo que además se va a cortar porque me quedé sin monedas. … Beso grande, beso. Mua.

Texto: José Antonio Bello
Foto: Nicolás Pérgola

Reflejos de lo invisible

February 10, 2013

Durante el trayecto en ferry desde Dover (Inglaterra) a Calais (Francia), compruebo que el Canal de la Mancha hospeda el tormentoso movimiento de ánimas que se han transplantado de una orilla a la otra a lo largo de los siglos. De noche, con frío, mirando a la nada oscura, hacia el mar ruidoso y húmedo, mi cámara se impregna de imágenes fantasmagóricas, de reflejos de energías que no se ven.

Londres-Paris-Dover I

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Londres-Paris-Dover III

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Londres-Paris-Dover V

Lecciones de cinematografía

January 15, 2013

Otra vez la misma historia del profesor de escuela que intenta hacer una diferencia en una institución de los barrios bajos, en plena decadencia y llena de alumnos apáticos y maleducados. Otra película que toca el mismo tema. Es el “El Profesor” o “Detachment“, con Adrien Brody como protagonista. Pero a diferencia de otros films que abordan la misma temática con empalagozo optimismo, esta historia hierve al fuego lento de la desdicha y la desesperanza. Y eso mismo es su fortaleza. Lo que atrapa en “El Profesor” es que las buenas intenciones del protagonista son siempre opacadas por eventos pasados y presentes mucho más fuertes que su voluntad y sus acciones, destinadas a revertir su amargo destino. Los esfuerzos por atravesar los malos tragos parecen nunca ser suficientes para los personajes, y es por eso que la tensión dramática siempre está presente. Este es un film para ver y pensar, pero más que nada para sentir. En él, la realidad supera a la ficción.

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Enfoques

January 9, 2013

Por azarosa obra de una obligada y prolongada parada de un viaje aéreo con destino a otro lado, camino por Madrid una tarde de invierno. El cielo es limpio como un patio recién baldeado y la luz del sol se platina al enfriarse con el aire metálico. Camino, o más bien deambulo sin dirección. Disfruto. Y miro, miro a través de la cámara fotográfica. Quiero documentar esta sensación de libertad y extrañeza para revivirla más tarde, algún día en el que mi espíritu no se encuentre tan elevado. Saco fotos. Enfoco. Los típicos edificios madrileños, los bares, los carteles, la gente. Esta vez, Madrid me agrada más que otras veces en que la he visitado. Tal vez, pienso, sea como Roma, a la que hay que darle tiempo para acostumbrarse, antes de caer rendido a su belleza antigua y pálida, de olor rancio. Y vuelvo a enfocar. Y veo la pintura de Rothko, Mark Rothko, aquel sobre el que escribí alguna vez. Uno de mis preferidos. Es una aparición, una idea. Siento que Rothko sucede en las calles de Madrid. Y sigo enfocando de la misma manera y encuentro más Rothkos, encuentro sus colores, sus formas rígidas, que son sutiles a la vez. Sigo enfocando al “estilo Rothko” y saco más fotos. Veo, a donde enfoco, lo que quiero ver, o más bien, lo que me gusta ver. Madrid, París, Londres, Buenos Aires. Llevo mi vida a donde voy.

Rothko en Madrid 3

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Rothko en Madrid

Robert Montgomery

La cuestión es la imagen, esa que resuena en nuestro consciente e inconsciente cuando vemos, escuchamos, olemos, tocamos o degustamos algo. La cuestión es qué significan los estímulos que recibimos a través de nuestros sentidos y de qué forma imaginaria se establecen en nuestra mente.
Estas imágenes son independientes de las tecnologías que las generan, ya sea una fotografía, una imagen cinematográfica, una melodía o un texto. Estas son influencias externas amorfas que identificamos y atribuímos como símbolos mentales que se transforman en percepciones y sensaciones corporales llenas de sentido.
Lo que intento es explorar las formas de esos estímulos externos, y en particular, lo que llamamos imagen. ¿De qué están hechas las imágenes? Es común que se entienda por imagen a una captura y representación figurativa de lo que llamamos realidad. Ejemplos simples de esto pueden ser una fotografía de una familia, una escena televisiva de un partido de fútbol o una pintura de Rafael. Estas son imágenes que se consumen imperceptiblemente, de decodificación immediata.
Los ejemplos anteriores son un tipo de tecnología de representación. ¿Pero qué imágenes hay en un texto? ¿Cuales en una frase poética? La percepción de este tipo de imágenes es mediado, porque requiere del aprendizaje previo de los símbolos que sugieren la representación de algo, como puede ser un lenguaje, escrito o numérico (porque también nos podemos preguntar: ¿Qué imágenes hay en un dato estadístico?).
¿Cual es el peso, el tamaño, de la información a decodificar en una frase como “Vivo en la muerte, que es eterna”? La representación pictórica de tal idea podría ser extremadamente compleja o directamente irrepresentable, salvo que se desarrolle a través de una narración cinematográfica.
Me interesa investigar al texto como imagen, y de cómo, a pesar de no ser rico en valores estéticos para la rápida absorción visual de la ideas que quiere transmitir, es, en contraposición, un código rico en capacidad de síntesis para la transmisión de información para la generación de imágenes mentales.
Las distintas tecnologías de mediación nos permiten desarrollarnos simbólicamente como personas, proceso que es influído por el estilo de representación que ofrecen. Por ejemplo, una fotografía de nosotros mismos nos devuelve una imagen corporal, o mejor dicho, antropomórfica. Si hacemos de esta tecnología nuestro principal espejo para identificarnos como individuos y nos entendemos principalmente como un cuerpo, nos volvemos presos de nuestra imagen. Nuestro cuerpo, entonces, se convierte en un objeto al que habrá que mantener, mejorar y adornar. Por otra parte, tecnologías como las de la escritura, que están basadas en la decodificación de símbolos a simple vista no reconocibles como ideas predeterminadas, promueven imágenes que quedan abiertas a múltiples interpretaciones en las que el individuo puede elegir reconocerse, lejos de la definición que ofrece una imagen corporal.
Intento, con todo esto, entender cómo las distintas tecnologías de representación y de expresión fomentan distintos niveles de análisis crítico de lo que percibimos y entendemos como realidad y de cómo nos interpretamos a nosotros mismos.
El trabajo del artista inglés Robert Montgomery puede ayudar a ilustrar el tema de esta discusión, ya que interviene espacios comunmente reservados para mensajes fotográficos para reemplazarlos por poesías. Aunque está en inglés, este video es una muestra de su trabajo. Otro caso puede ser el de la artista Tracy Emin, quién también realizó “cuadros” hechos de leyendas trabajadas en neón.

Tracy Emin

Solía ser yo mismo

July 11, 2012

Nadie duda de la importancia del legado del Borges escritor, pero ¿y del Borges editor? La biblioteca personal de Jorge Luis Borges que él mismo seleccionó y que publicó Hispamérica en 1985 es una muestra de la capacidad del autor para no sólo introducirnos a mundos literarios propios, si no de hacer lo mismo con otros autores que lo han inspirado. Esta selección, es también, a mi juicio, otra gran obra del escritor. El prólogo que Borges escribió para esta colección es por sí mismo un texto digno de leer y releer:

jorge luis borges biblioteca personal“A lo largo del tiempo, nuestra memoria va formando una biblioteca dispar, hecha de libros, o de páginas, cuya lectura fue una dicha para nosotros y que nos gustaría compartir. Los textos de esa íntima biblioteca no son forzosamente famosos. La razón es clara. Los profesores, que son quienes dispensan la fama, se interesan menos en la belleza que en los vaivenes y en las fechas de la literatura y en el prolijo análisis de libros que se han escrito para ese análisis, no para el goce del lector.

La serie que prologo y que ya entreveo quiere dar ese goce. No elegiré los títulos en función de mis hábitos literarios, de una determinada tradición, de una determinada escuela, de tal país o de tal época. Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer, dije alguna vez. No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector. Deseo que esta biblioteca sea tan diversa como la no saciada curiosidad que me ha inducido, y sigue induciéndome, a la exploración de tantos lenguajes y de tantas literaturas. Sé que la novela no es menos artificial que la alegoría o la ópera, pero incluiré novelas porque también ellas entraron en mi vida. Esta serie de libros heterogéneos es, lo repito, una biblioteca de preferencias.

María Kodama y yo hemos errado por el globo de la tierra y del agua. Hemos llegado a Texas y al Japón, a Ginebra, a Tebas, y, ahora, para juntar los textos que fueron esenciales para nosotros, recorreremos las galerías y los palacios de la memoria, como San Agustín escribió.

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. La rosa es sin porqué, dijo Angelus Silesius; siglos después, Whistler declararía El arte sucede.”

En lo personal, esta colección se encuentra en la biblioteca de mis padres, gracias a lo cual conocí al escritor italiano Giovani Papini. Borges incluyó un libro con sus cuentos, que mezclan lo exitencial, lo trágico y lo fantástico. En el prólogo a ese libro, el escritor argentino evidencia haber, sin quererlo, repetido un argumento anteriormente usado por Papini para desarrollar uno de sus propios cuentos. Lo reconoce de esta forma:

“Leí a Papini y lo olvidé. Sin sospecharlo, obré del modo más sagaz; el olvido bien puede ser una forma profunda de la memoria. Sea lo que fuere, quiero referir una experiencia personal. Ahora, al releer aquellas páginas tan remotas, descubro en ellas, agradecido y atónito, fábulas que he creído inventar y que he reelaborado a mi modo en otros puntos del espacio y del tiempo. Más importante aún ha sido descubrir el idéntico ambiente de mis ficciones.”

El cuento propio el que se refiere Borges es “El otro”, compuesto en Cambridge (Massachusetts) en 1969. Y el ambiente ficcional que dice haber recreado sin querer es en base al cuento de Papini llamado “Dos imágenes en el estanque”, al cual el título de esta entrada de blog hace referencia y al que incluyo un enlace para que puedan leerlo y disfrutarlo como yo lo hice. Como también dijo Borges, “Ojalá seas el lector que este libro estaba esperando”.