Es una paradoja. Extraño Buenos Aires como el dolor de los dolores.
Porque no es un objeto, o una persona. Es el aire. Es el contexto que le da al texto su riqueza.
Es el límite de mi persona. En otros lados soy otro.
Pero es una paradoja. Extraño el Buenos Aires que amanece conmigo en las mañanas.
Añoro la ciudad que está calcada en mis tripas.
La baldosa floja, el cielo azul y la pared gris. El perro fiero y vagabundo.
No puedo desear lo que sé que está pero no sé qué es. Por eso.
Es una paradoja. Me mata el dolor de no tener algo que poseo.

 

 

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Maten a Borges

June 19, 2011

De vez en cuando, cuando necesito aislarme del agobio de la vida cotidiana, salgo del aturdimiento viendo y reviendo una entrevista hecha a Jorge Luis Borges por la Television Española en el anio 1976. Sus dichos y el relato de sus experiencias me ponen contento. La solemnidad de sus palabras, entintadas de un humor ironico, o tal vez de una falsa modestia, me hace reir como a veces ninguna otra cosa lo hace.

Se cumplieron hace unos dias 25 anios de la muerte del escritor, y en relacion a ello encontre una entrevista de Adrian Sack al autor Ricardo Piglia, quien comenta sobre los 25 años de la literatura argentina sin Jorge Luis Borges. En esa charla, Piglia cuenta una anecdota muy interesante, en la cual el escritor polaco Gombrowicz, en su partida a Europa desde Buenos Aires, les pide a los presentes que ‘maten a Borges’. Las razones de este pedido estan explicadas por Piglia en este video, que vale la pena ver.

Viviendo en Europa, es Borges con quien, mas seguido de lo que lo hubiera pensado, mis interlocutores casuales relacionan a Argentina cuando revelo mi nacionalidad. No me produce ningun orgullo nacionalista si no alivio, porque me alegra saber que en algun momento, el contexto social del pais ha podido generar un personaje de la talla del escritor y no solamente fugaces estrellas del deporte o debacles economicas. La buena literatura atraviesa los limites de las culturas y de los lenguajes. La capacidad de un verdadero genio es traspasar las convenciones culturales de las fronteras nacionales para convertirlas en verdades humanas que son asumidas y reconocidas por todo el mundo. No importa en que idioma se dice lo que se dice, si no las ideas que se expresan. Los sistemas simbolicos, como el lenguaje por ejemplo, no son universales, las ideas si.

Jorge Luis Borges fue un productor de ideas, como todo gran artista. Pero tambien ha sido una construccion de su tiempo, por lo que es conveniente seguir ‘matando a Borges’ y desarrollar nuevas ideas, no solo literarias si no politicas, sociales y economicas. Se ‘mata’ constructivamente una idea con el impulso de la superacion, con el desarrollo de nuevos conceptos que acompanien las formas del mundo actual, con el objetivo de contruir el futuro y no vivir a su merced cuando este llegue. Gombrowicz les exigia a los jovenes escritores argentinos que quedaban en el puerto de Buenos Aires que desafiaran las ideas de Borges, que las superen, que sigan construyendo verdades humanas acordes al nuevo mundo en el que estaban viviendo. Cuando uno ve la realidad de un pais desde este punto de vista, cabe preguntarse quien tiene la responsabilidad de su destino: si los que dirigen una nacion, o sus habitantes, que a veces, no exigen lo suficiente.

La inexistencia de acentos y enies en el texto se debe a dos cosas:
1. El contexto tecnologico en el que vivo, que hace que el teclado en el que escribo no este disponible en espaniol (es una larga historia).
2. De paso, la demostracion de que las formas del lenguaje son indistintas a las ideas que se quieren transmitir.

Comete esta papita

May 22, 2010

Quisiera poder decir que Fatigas volvió con todo después de un alto en las prensas, si es que es posible una analogía más antigua. Pero lo importante es saber que todavía hay cosas que me generan el impulso de contarlas, aunque en su mayoría sean tonterías. Esta no será la excepción a la regla.

Esta vez es el Mundial. Ese esperado evento que nos incumbe a todos, al mundo entero. El fulbo. Corre por las venas mediáticas como el dulce de leche en la tostada. El néctar de las masas. Que rico.

Este es el tiempo en el que el comercio desempolva gastados (pero muy efectivos) estereotipos de pasión y nación para tocar el nervio emocional de la gente. La astuta clase marketinera aviva el fuego. Se mete en el adhesivo social. Y todos nos ponemos como locos. Hervimos de pasión. La expectativa alcanza niveles tan desproporcionados que por momentos no sabemos porqué estamos tan movilizados.
En Europa, por lo que pude apreciar, el fútbol es una pasión antes y durante el Mundial para los que les gusta el deporte. La Copa del Mundo no se filtra en todos los niveles de la vida ni en todas las personas. No es una cuestión de Estado, si no que es materia de los amantes del fútbol.

Me gusta el folklore alrededor del Mundial del Fútbol que se vive en Argentina, principalmente porque significa juntarse con amigos y porque la gente en general baja la guardia por un rato y en la calle se respira un aire festivo (todo eso hasta que perdemos y todo vuelve a tomar forma de lamento argentino, claro está). Pero nunca tuve mucha paciencia para el embate comercial que se produce en las vísperas del evento, que lo distorsiona y genera en la gente un nivel de ansiedad innesesario.

Tengo cierto alivio hoy por estar lejos y no estar viviendo esa situación previa al Mundial en sí que me crispa un poco los nervios, pero joder, que no sé si es que después de tantos años me lavaron el cerebro o qué pero no puedo evitar emocionarme cuando voy a cualquier supermercado en Londres y veo los paquetes de papas fritas Walkers nuevo sabor “Argentinean Flame Grille Steak” que son parte de una nueva línea de sabores del Mundial.
Si, ya sé, soy un papa frita.

Radiografía de un pueblo

November 23, 2009

Prueba contundente de lo cierta de aquella frase que dice “una imagen vale más que mil palabras”. Diego Maradona y Carlos Bilardo se abrazan luego de que la selección argentina de fútbol clasificara para el Mundial Sudáfrica 2010.

Seis o siete años atrás, nacía la idea de establecer algún tipo de colaboración artística con mi amigo y colega Lucio, multifacético hombre de las artes, para saciar nuestro impulso creativo y recreativo, y reflejar nuestra mirada del mundo, o la que aspirábamos tener.
chicatoCorría el año 2003 y la historia de nuestro querido país, Argentina, se repetía como años atrás lo habíamos estudiado en los libros. Salvo que esta vez la situación era real y peor a todas las que nos sabíamos de memoria. Nuestra generación asomaba al mundo profesional y la crisis “nos cortó las piernas“. Pero lo que nos molestaba más no era el caos que estábamos viviendo, si no el estar hundidos hasta la médula en el mismo problema social, politico y económico que venía repitiéndose por décadas en nuestro país. Las mismas causas y consecuencias de siempre, y la misma solución que nadie se anima a encontrar (ver referencia al libro de Andy Calamar). Aburridos hasta la apatía y la desesperanza por ese nefasto juego cíclico, Lucio y yo queríamos cambiar si es que el contexto no lo haría nunca. ¿Porqué no ver el mundo de otra manera, y escribir sobre ello? Pensamos en vivir el segundo, ya que no había futuro, y disfrutar de ello. Sentir las cosas simples y retratarlas. El concepto de nuestras escrituras sería ser “chicato”, es decir, no ver bien de lejos y solo enfocar de cerca. Ver las pequeñas cosas que componen el gran mundo. Cambiar la perspectiva, enfocar mejor. Nuestras entregas se llamarían así: Chicato (que coincidentemente había sido el nombre del gallo de otro amigo nuestro). Nunca pusimos en marcha el proyecto, tal vez porque no encontramos el vehículo propicio para escribir, tal vez porque en realidad estábamos más perplejos por la situación de lo que creíamos. Sólo alcancé a desarrollar la introducción, la editorial, el bosquejo del concepto, que transcribo abajo tal cual lo escribí en aquel momento.
Hoy las condiciones son otras, tenemos el vehículo y el ánimo pero la crisis es global, así que joder! Si no es ahora no es nunca. Las cosas cambiaron y la idea de nuestra colaboración lo hizo levemente: yo voy a sacar fotos en Londres y él escribirá al respecto desde Buenos Aires. Yo veo cosas que él no ve y se las muestro en fotos, y él ve en las fotos cosas que yo no veo y me las cuenta en un texto. El objetivo es mantener la perspectiva de lo que sucede y no ahogarse en el mismo proceder. Nadie es turista en su tierra. Y como sabemos que uno no puede cambiar del todo, o nada, al menos de lo que estamos en búsqueda es de nuevos problemas.

El próximo post será la primera entrega de Nadie es turista en su tierra.

Editorial “Chicato” 2003

Reconocer los límites de las cosas no es nada fácil. Generalmente las vemos todas juntas, como borrones, y sólo reconocemos masas de gente, edificios aglutinados o varios sonidos simultáneos en forma de ruido. Por lo tanto, terminamos no viendo lo que vemos, ni escuchando lo que escuchamos, y así todos nuestros sentidos se vuelven inútiles debido a nuestra ceguera sensorial. Es que no somos permeables a lo que nos pasa, sólo pensamos en las cosas, en vez de sentirlas. Si tuviéramos la disponibilidad sensorial necesaria para percibir entre esas masas de gente a individuos únicos, con historias propias; o para reconocer entre esos edificios aglutinados una magnífica pieza arquitectónica; o para escuchar entre todo ese ruido el sonido de un pájaro o simplemente del viento. Sería como despertar constantemente, con la mente limpia, vacía de prejuicios. Y así la idea de belleza se vuelve personal, basada solamente en las gratas sensaciones que nos produce algo al sentirlo, independientemente de su aspecto o utilidad. La idea es ser chicato. Ver bien de cerca, para descubrir cosas únicas sin esfuerzo, sólo abriendo nuestros ojos al mundo próximo que nos rodea, aquí y ahora. Es como estar de viaje sin viajar, y mirar con ojos de turista nuestra propia casa y descubrir que todo se vuelve nuevo y cobra otro significado del que creíamos que tenía. Ser chicato es salir de la rutina y ver la misma cosa dos veces y ambas sentir y pensar distinto sobre ello. Ser chicato es mirar para abajo mientras caminamos. O mirar para arriba para ver donde termina el mundo hecho de concreto y donde empieza el cielo. Ser chicato es percibir que sale el sol, y que con ello la vida empieza nuevamente, día tras día.