Barcelona está pintada

enero 26, 2012

Que grata sorpresa fue Barcelona. La idea de visitarla añejó en mí como el vino en las barricas del paciente bebedor. Y cuando llegó el momento de saborearla, como toda ciudad exquisita, no me defraudó. Ni antes ni después, en ese momento. Sin darme cuenta, sin saber, llegué al Montjüic, y casi sin quererlo, me topé con la Fundación Joan Miró, que alberga la colección del pintor catalán. Silencioso admirador del creador de “las constelaciones“, ya recorriendo el museo, absorbí los menudencias del cuadro La Masía, del año 1920, una pintura plana con cierto aire naïf que fue la obra culminante de su época “detallista”. Esta pintura representa la granja de la familia Miró en Montroig y detalla la relación mítica que el pintor tenía con su tierra. Contemplar la pintura fue entrar en un lento estado de ensoñación; las formas son figurativas, pero la disposición de los elementos es surrealista, por lo que uno percibe más de lo que ve. Por eso lo mágico de esta obra.

Joan Miró La Masía Pintura Museo Barcelona

Al día siguiente, luego de una caminata por el Parque Guell y de subir hasta la cima, posé mi cámara de fotos en una casa. El cielo estaba límpido y el sol brillaba con fuerza invernal. Al ver la imagen encuadrada por el lente de la cámara, antes disparar para captar la foto, tuve una sensación familiar, reconocí elementos y colores en el encuadre que ya había visto en otro lado. Era “La Masía”, era la tierra, los colores, el aire, las casas, los árboles y la luz de Cataluña. Era esa pintura de Miró que es una sola imagen pero que sin embargo lo captó todo. Era esa obra maestra que como tal tiene la capacidad cúlmine de representar la realidad infinita e inabarcable, aún siendo un plano inmóvil. Era la evidencia de que en el arte está todo.

Parque Guell Antoni Gaudi La Masía Joan Miró

Serie “Fatigas breves”, pequeños textos llenos de sabiduría y estupidez. Todo en uno. Lecturas rápidas para el lector de hoy.

Historias de patas cortas y humanas reflexiones de autoría propia o de escritores invitados en busca de poca fama que ensalzan las Fatigas del querer para una mejor digestión.

trámites“Trámite”

Señor: “Hola.”

Señora: “Si. ¿Como se llama?”

Señor: “Santiago Nicolás.”

Señora: “¿Apellido?”

Señor: “Nicolás.”

Señora: “Esteeee… entonces es ¿Santiago Nicolás Nicolás?”

Señor: “Santiago Nicolás, es.”

Señora: “A ver… ¿Pero como se llama?”

Señor: “Santiago Nicolás.”

Señora: “¿Apellido?”

Señor: “Nicolás.”

Señora: “A ver, señor. ¿Su nombre y apellido es Santiago Nicolás?”

Señor: “Sí.”

Señora: “¿Entonces su nombre es Santiago y su apellido Nicolás?”

Señor: “Sí.”

Señora: “Entonces no se llama Santiago Nicolás si no sólo Santiago.”

Señor: “No, Santiago Nicolás.”

Señora: “Pero, ¿usted está loco señor?”

Señor: “Depende de lo que usted crea qué es la locura.”

Señora: “Mire Señor, no tengo tiempo para pavadas…”

Señor: “Entonces usted cree que la locura es decir pavadas…”

Señora: “…”

Señor: “Usted es una señora muy inteligente…”

Señora: “Bueno…”

Señor: “Pero si yo estoy loco, y lo que digo son pavadas, entonces deberíamos dudar de su inteligencia…”

Señora: “…”

Señor: “¿Entonces, cual es la verdad? ¿Mi locura o su inteligencia?”

Señora: “Mire Señor, no me insulte.”

Señor: “¿Mi pregunta la insulta?”

Señora: “Acá las preguntas las hago yo.”

Señor: “Bueno, pregunte entonces.”

Señora: “Por última vez, ¿Cómo se llama?”

La imagen del sonido

enero 7, 2012

comprar música

Ultimamente estoy usando mucho la plataforma de música We’re Hunted, en la que se puede encontrar nueva música ya que seguir listas de otras personas relacionadas con los gustos propios es muy fácil. Pero más que nada lo uso por su propuesta visual. Las canciones están ilustradas por la foto de los artistas, lo que la hace una experiencia más completa. Pero esto no es nada nuevo. Cuando los álbumes de música eran discos de vinilo o CD digitales que uno compraba en una tienda, el arte de tapa era muy importante, ya que eran también una referencia a la obra y al estilo de música con la que uno se iba a encontrar. Yo solía comprar discos por el concepto estético que me transmitía una tapa, y muy pocas veces me equivocaba.
Hoy en día, después de más de 20 años de desarrollo comercial y social de Internet, los elementos que antes hacían a una experiencia cultural más enriquecedora se vuelven a encontrar. Muy por el contrario de lo que sucedía en los inicios de Internet, cuando las posibilidades tecnológicas eran muy escasas y no permitían un nivel de representación ideal del mundo análogo y material. De hecho, las canciones peliaban solas en formato ‘archivo’ la batalla por un público que en aquel entonces era más bien geek y que sabía cómo manejar los códigos de una tecnología todavía en desarrollo.

música canción arte de tapa

Entrando un poco más en detalle -solo un poco, para poder explicar mi argumento-, la vida en algunos ámbitos académicos se entiende como mediaciones a través de tecnologías (de todo tipo, de comunicación, de construcción, etc). En el proceso de esa mediación, nuestra forma corporal, nuestros sentidos y nuestra capacidad cognitiva desarrollan una relación simbiótica con la tecnología, transformando a esta en parte indivisible de la vida. La tecnología es solo una estrategia humana para la supervivencia. Las formas materiales de esta estrategia tienden a adaptarse a nosotros (en definitiva somos nostros quienes la generamos y usamos) y a hacerse más inmediata (a desaparecer como tal al momento de la mediación) para hacerse más efectiva en sus objetivos. La inmediatez es a lo que nos referimos cuando decimos que una tecnología es más ‘intuitiva’, lo que genera que no percibamos las características del medio como tal (por ejemplo, dejar de usar código de programación para generar una función en una página web y en su lugar sólo tener apretar un botón), lo que hace que la interacción con el medio fluya como una conversación entre dos personas cara a cara. Pensemos por caso lo que significa clavar un clavo con una piedra de gran tamaño y peso en vez de hacerlo con un martillo. Claramente el medio ‘piedra’ es menos intuitivo que un martillo, que funciona o se siente como una extensión de la mano.
Volviendo a mi punto, o a la parte más ‘intuitiva’ de este post, hoy en día las representaciones digitales se volvieron exactas e inmediatas. En un contexto virtual, los amigos hoy tienen una identidad digital y lo mismo los artistas. Son ahora posibles las recomendaciones de amigos o de gente idónea que escribe blogs al respecto, o relacionar nuevamente una imagen o un video con una canción. Hoy el mundo virtual es un espejo del mundo material (no digo real porque virtual también es real), se volvió inmediato, y gracias a ello yo puedo volver a escuchar música y relacionarlo con una propuesta visual que se complementa con la experiencia de esos sonidos, como lo hacía antes, cuando los soportes eran objetos análogos independientes. Todo es hoy más de lo mismo pero en formato digital.
Tal vez lo que quiero decir es que esto de la idea de ‘progreso’ es una tontería y una pérdida de tiempo. En mi caso, tuve que esperar veinte años para volver a poder decidir al respecto de escuchar una canción por cómo luce el arte de tapa.

Historias y fotos ajenas entre sí que sin embargo tienen mucho en común. Enterate de que va todo esto acá. También podés leer las entregas anteriores.

Foto: Fatigas del querer / Texto: Lucio

Pintura japonesa al aire libre

Antes de la primera pincelada hay mucho que calcular. Los límites de la obra marcan un vacío en el mundo que necesita ser completado. La obra terminada tiene que sumarse ahí, ser parte del todo. Tiene que convivir con el alrededor. Beto siempre dijo que el que pase cerca del local, tiene que sentirse diferente sin saber por qué. La vidriera tiene que activar en su cabeza un factor de confusión que empieza en un qué lindo local y puede terminar en un qué lindo mundo. Es un virus de bienestar y reflexión, de equilibrio más en macro, en palabras del Beto. Y Beto sabe. Fue el que me enseñó que si uno puede desarmar la razón de un recuerdo feliz, es el principio del fin de esa felicidad. Porque feliz es por definición inexplicable. Si se entiende, se puede repetir. Y la naturaleza naturaleza está por encima de la imaginación de cualquiera.
Ya tenía el espacio definido, perfecto para las ocho letras, contando la primera y la última un poco más grandes que las otras. La A de mar abierto azul cielo, con burbujitas y todo, y la S del final potente, llevando ruido de las olas infinitas. Pero me quedé en la q. Aqua, Apua. Aquarius, Apuarius. Siempre la confundí con la p. La mayúscula la sé, es la O con el palito. La minúscula es traicionerísima. Mi celular me hubiera salvado. Para buscar las letras o para llamar a Beto. Pero lo dejé en el otro bolso, así que me la tuve que jugar. Un letrista en serio es el que pinta más que letras. Y una vidriera siempre dice más de lo que se lee. Grande, Beto.

Un dibujo diez puntos

diciembre 6, 2011

Un dibujo hecho de 3.2 millones de puntos en tinta. La obra se llama “Héroe” y es el retrato del padre de un hombre muy paciente llamado Miguel Endara.

¿Qué hay de nuevo, viejo?

octubre 22, 2011

Londres, algún día en algún lugar. De pie sólo quedan las fachadas que hacen a la ciudad ser la que es. Detrás, de fondo, lo nuevo, como suciedad que se esconde debajo de la alfombra. La identidad hecha de cáscaras. Se cambia pero no del todo. La gente que va y que viene pero la estructura queda de pie. Una ciudad hecha de capas: de ansias de conquista, de intelecto, de reformas, de robos y de ideas. De fantasmas mojados. De un clima molesto que alerta sobre las miserias del ser humano. Lo viejo en lo nuevo. La historia que hoy nos cuenta quienes somos. La ciudad que está quieta pero que sin embargo nunca es la misma. Londres, algún día en algún lugar.

‘Pepe La Mort’

septiembre 21, 2011

Mezclo el óleo con la tramontina mientras me preparo para el viaje de la pintura. Me invade una tranquilidad inusual. En ese momento, soy un artesano, el arquitecto de lo que no existe. El lienzo en blanco y yo ansioso por mancharlo, por ver adonde voy a ir hoy. Esperamos a la modelo. La sesión pasada una señorita inusual nos deleitó con su belleza. La espero a ella. Acomodo mis pinceles, les saco punta. Me embriago con el olor del solvente que vierto en un viejo tarro. Se hace tarde. Necesitamos un modelo de cuerpo. Intempestivo, el profesor cruza el salón y toma el esqueleto que todas las clases nos mira con apagada vitalidad. En segundos nomás la osamenta yace frente a nosotros, sobre una mesa, dispuesta a ser retratada. La pintamos. Pintamos la muerte. La mía sonríe.

¡Colombianos Juepuchas!

agosto 13, 2011

Escuchá a De Juepuchas que no te va a defraudar. Electrónica original, sexy y sabrosa. Vale la pena investigar sus otros videos en YouTube.


 

Si andás con ganas de más, intentá con este podcast con la selección de música de uno de los colombianos de De Juepuchas en una radio Japonesa en Londres. Remix cultural.

Historias y fotos ajenas entre sí que sin embargo tienen mucho en común. Enterate de que va todo esto acá. También podés leer las entregas anteriores.

Foto: Fatigas del querer / Texto: Lucio

India religión

Doce años tenía, la peor edad. Chico para quedarme solo, para dormir hasta cualquier hora y para elegir qué ponerme. Grande para vestirme rápido, caminar bien y decir gracias cuando me dan lo que no pedí.
Pasó el tío recién bañado, habló algunas cosas con papá mientras se fumaban un cigarrillo y salimos los tres en el auto. Desde el asiento de adelante me preguntó algo del colegio. Tapó mi respuesta preguntando la hora y aceleró. Llegábamos tarde.
Apagó el motor y nos bajamos. Le hacés caso a tu tío en todo momento y si nos separamos nos encontramos acá, al lado del policía de siempre. Nos acercamos al grupo que esperaba en silencio. Está por empezar, me dijo. Papá tenía menos frío que yo. Miré al policía, sabiendo que ahí nos íbamos a encontrar todos un rato después.
Nunca había visto al señor que habla. Papá y el tío se iban juntos pidiendo permiso y me dejaban atrás mirando el suelo. ¿Querés venir con nosotros?, me preguntó sabiendo la respuesta. Me agarró la mano serio y me dijo no te sueltes. Miré para todos lados buscando otros chicos de mi edad. No había. Esto es para grandes. Me paré derecho sin que me lo pidan y me sentí mayor. Creo que en ese momento pegué el estirón de golpe y los pasé a los dos.

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